Última voluntad

La muerte es algo connatural al ser humano, pero en ocasiones nos puede agarrar de improviso, sorprendiéndonos tanto que a veces no sabemos qué hacer ni qué decir. Niños, jóvenes, ancianos… Tristemente, nadie escapa a ella. A lo largo de nuestra vida nos toparemos con decesos que nos afecten, que ocurran en nuestro círculo de familiares o amigos.

La pérdida de un ser querido afecta por lo general profundamente a las personas que se quedan, por eso hay que saber cómo actuar, qué decir y qué hacer ante esta situación. Nos enfrentamos a un profundo e intenso dolor emocional y debemos ser respetuosos con los procesos de duelo de los más allegados al difunto.

Pocas  personas hoy en día hablan con sus familiares acerca de sus funerales, si cremar o entierrar, y que tipo de velación quieren o no desean para sus restos, es tan importante esta plática que sólo lo podemos entender hasta el día que suceden las cosas, ojala y se siga motivando el hablar sobre este tema en casa,  en primer lugar ayuda en aceptar la muerte como un hecho real y en segundo lugar para facilitar la toma de decisiones para ese día.

Mi padre siempre comento en familia que él no estaba de acuerdo con los ejercicios de reanimación (resucitación) ya que era un hombre mayor y sabía de las complicaciones de ese ejercicio, tuvimos un tío que duro 23 años en estado vegetativo, y se habló que por ningún motivo nadie lo queremos repetir, estamos a favor de la  ortotanasia que se refiere permitir que la muerte ocurra “en su tiempo cierto”, “cuando deba de ocurrir”, por lo tanto los médicos están capacitados para otorgar al paciente todos los cuidados y tratamientos para disminuir el sufrimiento, pero sin alterar el curso de la enfermedad y por lo tanto el curso de la muerte.

También dejo en claro que él siempre fue un hombre tímido y no le gustaban las multitudes así que dejo en claro desde que estaba sano que a él no le gustaban los velorios, una vez comento que se convertían en un show de circo, en su familia los Robledo levantaron polémica con sus conocidos, porque desde los tiempos de mi abuela en Guadalajara y en la ciudad de México, donde tenían familiares ellos no acudían a los velorios, se llevaban a cabo para que los conocidos del difunto fueran a la funeraria para que les rezaran y se despidieran de ellos, pero los Robledo permanecían en su casa viviendo su duelo en forma privada, decía mi tía abuela que se le murió su esposo y su único hijo que ella sólo solicitaba a la funeraria, que la carroza pasara por la calle de su casa y ella desde la ventana lo despedía.

Mi padre con poco tiempo antes de su muerte,  compro su nicho en una iglesia, él ingreso al hospital por un derrame cerebral y al mes, su cuerpo ya no soportó  el segundo derrame, no permitimos que lo entubaran y a los 4 días murió sin dolor. Fue un 26 de noviembre, como a las 6 de la tarde, fue en la guardia de mi hermana yo llegue al poco tiempo, ella me iba avisando de los signos vitales y recuerdo que le dije “ya falta poco”, ya voy en camino, no permitas que lo resuciten recuerda que él no quería.

Regresamos a casa e informamos a mi madre, después de que salió del shock natural de la noticia, nos pregunto “¿Qué vamos a hacer?”, y yo le dije:  o hacemos lo qué él siempre nos pidió o tú haces lo que tu creas conveniente, tu decides….. ella se tomó unos momentos y nos dijo: “se hará lo que él dispuso, ni velarlo, directo a la cremación y mañana colocamos su cenizas en la iglesia”.

Experimentamos en casa una despedida  privada, como homenaje a él se realizó las indicaciones que nos dejó y fue tanta paz que sentimos, que a los años que murió mi mamá hicimos lo mismo, nada de actos heroicos de los médicos, cremar directamente, no velar, estar reunidos en casa solamente la familia directa y al otro día depositar las cenizas.

 

FRASE

El día que muere un ser querido, hay que saber cómo actuar, qué decir y qué hacer ante la pérdida

 

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